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19/6/11

Carta abierta a Europa

Publicado en durangon.com, 19.06.2011

Dear Europe:

Soy un ciudadano europeo, como otro cualquiera. Mediante esta carta quisiera trasladarle algunas reflexiones que, al hilo de los acontecimientos de esta semana, me han dejado un poso de amargura y preocupación.

Yo vivo en un país que, hace ya tiempo, decidió que nadie podía quedarse al margen del progreso social. Esto, en ocasiones, significa correr menos, pero correr juntos. Este sacrificio común, sin embargo, se torna satisfacción cuando uno hace un alto en el camino y ve que, a pesar de que el objetivo todavía está lejos en el horizonte, puede mirar hacia atrás y comprobar que no ha dejado a nadie en la cuneta.

Una semana de incertidumbre
Mi reflexión viene a colación de las dudas generadas entre la opinión pública y la ciudadanía europea respecto a la necesidad de un nuevo rescate griego. Primero fue sólo la incertidumbre en ausencia de posicionamientos, le siguió la oposición alemana, después las condiciones, luego la cumbre franco-alemana y, finalmente, se ha postergado la decisión delegando los términos del rescate en el BCE (Banco Central Europeo) y el FMI (Fondo Monetario Internacional), con un calculadamente prudente compromiso franco-alemán.

Seguramente, mi humilde perspectiva no alcance ver los motivos que subyacen a dicha escenificación. Sin embargo, no recuerdo posiciones tan ambiguas y dubitativas en los prolegómenos de los rescates bancarios.

Imperfecta, pero Europa
La Unión Europea de los estados que actualmente tenemos no es el escenario ideal que sueño. Anhelo la Europa de las naciones, donde incluso la mía tenga cabida. Pero no cabe en mi cabeza que esta Europa, aún siendo imperfecta, sea más firme en el rescate de las entidades bancarias (que tampoco tras el rescate han cumplido con su misión de dar liquidez a la economía) que en el rescate de los estados. Sobre todo, resulta difícil de entenderlo porque, detrás de ese estado, hay ciudadanos que ya sufren recortes sociales y no ven luz por ninguna parte.

Nada tenía que ver la escenificación de Sarkozy y Merkel con el discurso pronunciado por Robert Schumann el 9 de mayo de 1950, en el ‘Salón del Reloj del Quai d'Orsay’ de París. Schumann hablaba entonces de que Europa no se haría “de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.

Modelo de solidaridad
En los últimos tiempos, antes de la crisis, nos habíamos preocupado de reformular el modelo propio de Estado de Bienestar y Progreso basado en el conocimiento y la solidaridad persona a persona. Pensábamos que la solidaridad entre estados estaba garantizada, con fórmulas que habían funcionado, como los Fondos de Cohesión, por ejemplo. Pero esta crisis nos ha echado un nuevo pulso.

Me voy a permitir parafrasear a Robert Schumann, antes de despedirme. Creo, sinceramente, que el modelo de Europa que queremos no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan. Europa debe construirse con realizaciones concretas que creen, en primer lugar, una solidaridad de hecho. 61 años más tarde, hagámoslo con Grecia.

Yours sincerely,

27/3/11

¿Una caja o un banco vasco?

Publicado en durangon.com, 27.03.2011
Esta semana hemos recibido la noticia de que, por fin, las cajas de los tres Territorios Históricos de la Comunidad Autónoma de Euskadi se han puesto de acuerdo para arrancar un proceso de fusión. Si bien la noticia ha sido acogida por un aplauso generalizado, considero que la cuestión merece ser analizada con algo de cautela. Veamos algunas claves para entender mejor el proceso.

El origen de las cajas
En la denominación completa de las cajas de ahorros se mantiene, en muchos casos, la denominación “Caja de Ahorros y Monte de Piedad”. Esta revisión etimológica da pie a una reflexión sobre el origen de las cajas.

En un principio, los montes de piedad surgieron para facilitar a los más pobres financiación a cambio de endeudarse en su devolución, que de otra forma no obtendrían del sistema financiero. Siglos más tarde, se crearon las cajas de ahorro, que pretendían recoger los pequeños ahorros de las clases más humildes de la sociedad y remunerarlos en cierta medida. Ambos aspectos son los que diferencian las funciones de las cajas y algo de ellos se debería percibir en su labor; facilitar financiación a quienes de otro modo lo la obtendrían y remunerar a los pequeños ahorradores por sus pequeños depósitos.

En lo que respecta a la titularidad de las cajas, en coherencia con su impulso fundacional, está muy vinculada a sus orígenes y funciones. En los casos vascos, las Diputaciones y ayuntamientos, como entidades fundadoras, tienen representación en la asamblea (máximo órgano de decisión), así como los impositores (los ahorradores de las cajas) y los trabajadores mediante sus representantes. Por tanto, la ‘propiedad’ de las mismas está muy vinculada a sus ‘clientes’ y su vocación de servicio a los ciudadanos de un territorio.

El impulso normativo
Este mismo mes de marzo, hemos presenciado una reforma exprés del sistema financiero español, justificada en que “las incertidumbres que existen en los mercados no dificulten la recuperación económica”, según la Ministra de Economía.

Entre otras cuestiones, la reforma establece exigencias mayores a las cajas que a los bancos, cuestión poco ética, y que auguro acabará en el Tribunal de Defensa de la Competencia. Es cierto, que algunas cajas estatales animaron el desastre inmobiliario-financiero, pero no todas. Así, aprovechando la coyuntura, se ha puesto en marcha un proceso de bancarización de las cajas, ‘por Decreto legislativo’, obligándoles a convertirse en bancos si quieren estar en igualdad de condiciones con ellos.

Fusión a tres y más
Así las cosas, todo parece estar encauzado. Salvadas las diferencias sobre la forma de fusión en los órganos rectores, sólo queda que las asambleas ratifiquen la propuesta que, a buen seguro, los tres presidentes ya tendrán esbozada. Sin embargo, la velocidad y nivel de tecnificación de estos procesos acostumbran a no dejarnos juzgar el calado de la propuesta.

En este caso, nos están proponiendo dos decisiones en una; por un lado, la fusión de tres cajas, en la intensidad que sea, y por otro lado, la bancarización de las mismas. La bancarización supone pasar el negocio financiero a una entidad privada, un banco, con accionistas o propietarios, que ahora nos prometen serán las propias cajas. Pero esto abre la puerta a la entrada de otros accionistas, que teniendo tan recientes los casos de Badiola en la Real Sociedad o Florentino Pérez en Iberdrola, no generan ninguna confianza.

Por tanto, contar con una Caja de Ahorros vasca fuerte es una buena noticia, pero convertir tres pequeñas cajas vascas en un gran banco vasco no lo es tanto, porque quizá mañana no sea vasco y porque puede perder la función social consustancial a la definición de las Cajas de Ahorros y Montes de Piedad.

26/12/10

Las pensiones y otros debates pendientes

Publicado en durangon.com, 26.12.2010.
Olentzero nos ha traído una fecha para el año que viene: 27 de enero de 2011. Se trata de una huelga general convocada por dos de los sindicatos mayoritarios de Euskadi y otros minoritarios, todos ellos de carácter nacionalista. La reforma de las pensiones es el detonante de esta nueva convocatoria de huelga general para el primer mes del año que todavía no hemos estrenado. Mucho se ha escrito sobre la viabilidad del sistema de pensiones, pero nada o casi nada sobre las causas que subyacen a esa insostenibilidad a largo plazo.

El envejecimiento de la población, o mejor dicho, el aumento de la esperanza de vida, hace que cada vez haya más personas que superan los 65 años. Si miramos al cociente o ratio que pone en relación las personas en edad de trabajar y el número de personas mayores de 65 años, los datos son aplastantes; pasaremos de ser cuatro personas en edad de trabajar para cada mayor de 65 años en 2004, a ser menos de dos en 2050 según proyecciones de la Comisión Europea (“El futuro demográfico de Europa” 2006).

Todos los debates y esfuerzos se están centrando en tratar que las personas que tienen derecho a percibir una pensión sean menos o su pensión no sea tan abultada, modificando la fórmula del cálculo de la misma. Sin embargo, cualquier observador reflexivo intuye que también se puede intervenir en el número de personas que trabajan y la forma en que hacen su aportación al sistema de pensiones. Así las cosas, al menos se deberían incluir en el debate tres factores más.

Por un lado, debemos puntualizar que las aportaciones al sistema de pensiones se realizan mediante la Seguridad Social. Éste sistema se nutre de las aportaciones que las personas trabajadoras realizan en los periodos en que trabajan. Así, cuanto más desempleo haya, menores serán las aportaciones; por el simple hecho de que hay quien, teóricamente estando en edad de trabajar, no está cotizando a la Seguridad Social. Por tanto, el desempleo es el primer fantasma que se cierne sobre el sistema de las pensiones.

Hasta aquí lo evidente, pero quedan algunos retos más que se omiten en el debate público. Uno de ellos, aún pendiente en nuestro país, es la incorporación de la mujer al mercado laboral. Mientras un 72% de los hombres en edad de trabajar está en el mercado laboral (datos EUSTAT 2009), sólo un 58% de mujeres lo está. En estados como el danés, las mujeres ya están en tasas similares en lo que a incorporación al mercado de trabajo se refiere. Se estima que la incorporación en igualdad de condiciones al mercado de trabajo supondría un incremento del 10% en las aportaciones al sistema de la Seguridad Social. Se trata, a todas luces, de un reto inevitable económicamente y, sobre todo, éticamente.

El segundo reto, y tercer factor a considerar, ha de ser la productividad. Dicho de otra forma, que al lector le resultará más significativa, con salarios más altos las aportaciones a la Seguridad Social serían más generosas, ya que su forma de cálculo se realiza como porcentaje sobre los salarios de los trabajadores. Sí, sí… si los niveles salariales fueran muy superiores, las aportaciones al sistema de pensiones serían mayores y, en consecuencia, harían el sistema más sostenible. El reto de pasar a niveles salariales superiores, significa que la economía se debe dedicar a labores más complejas, más valiosas, para que cada hora trabajada sea más productiva y se pueda pagar mejor.

Si la convocatoria de huelga general del próximo enero trajera un debate sobre algunas de estas cuestiones, significaría que habremos madurado en la forma de abordar los problemas en nuestro país. Y quizá entonces, para hacer algo distinto a lo que vayan a hacer en el estado, merecerá la pena reclamar una Seguridad Social propia para Euskadi. Pero de momento, no se ve en el debate público ningún atisbo de cambio; ni siquiera en los argumentos del debate.

5/12/10

La importancia de llamarse AAA

Publicado en durangon.com, 05.12.2010.
Últimamente estamos viviendo grados de sobre información respecto a la economía que no se habían dado antes, no al menos en el pasado reciente. El rescate de la economía irlandesa, que fue precedido por el rescate de Grecia, ha puesto en primera página de diarios y televisiones la economía. También se ha convertido en problema de primer orden para mandatarios políticos e instituciones europeas.
En un intento de poner blanco sobre negro, quisiera alejarme de la crítica para hacer un poco de pedagogía, para que el lector (siempre sabio) juzgue, después, por sí mismo.
El punto de partida
Desde la entrada en vigor del Euro como moneda de once estados europeos, al Banco Central Europeo (BCE) se le encomendó la labor de controlar la inflación, es decir, el nivel de precios de los productos y servicios. Para ello, su principal indicador y herramienta es el control de la masa monetaria (agregado monetario M3, para los más avezados), es decir, el dinero que hay en circulación en el sistema. Por tanto, no puede poner la máquina de hacer billetes a funcionar de forma indiscriminada, si no queremos encontrarnos de un día para otro que la barra de pan sube a de 1,20€ a 2€.
En consecuencia, salvo que el BCE cambie su postura, podemos decir que el dinero que hay en circulación es relativamente fijo, y por tanto limitado.
El endeudamiento de las administraciones
A mis alumnos les suelo contar que me pasé cinco años estudiando empresariales para terminar concluyendo que la clave es que los ingresos sean iguales o mayores que los gastos a final de año. Esta regla es válida para la economía familiar, la economía empresarial o de la administración pública.
En los últimos tiempos, éstas últimas, han visto como los ingresos (por ejemplo los impuestos recaudados) se han reducido y los gastos (como las prestaciones por desempleo) han crecido. Al calcular la diferencia entre gastos e ingresos, ha resultado que los gastos superaban a los ingresos; esto se denomina déficit.
Sin embargo, han seguido pagando las prestaciones por desempleo, los sueldos de los funcionarios y el resto de gastos. Para ello, han pedido prestado a las entidades financieras que convencidas de que la administración nunca quiebra, les han prestado con mucho gusto todo el dinero que necesitaban. En resumen, se han endeudado.
Los bancos ya no prestan dinero
Este fue uno de los detonantes de esta crisis; las entidades financieras dejaron de prestar dinero con la facilidad que lo hacían anteriormente. Analizando la causa, ya se ha dicho que era una cuestión de confianza; pero veamos qué es eso.
Las entidades financieras llevan al extremo la máxima económica de la mejor asignación de recursos escasos. Ellas asignan dinero (recurso escaso) a los mejores proyectos, que desde su perspectiva son los que más posibilidades tienen de devolver lo prestado. Así las cosas, le prestarán primero al que tenga un rating crediticio más alto, es decir, una clasificación mejor en la carrera para devolver la deuda. Cada agencia de valoración utiliza una escala de puntuación, pero la más conocida S&P (Standard & Poor’s) valora como posición óptima la deuda AAA, que ha venido siendo la clasificación de muchas administraciones, incluida la vasca, hasta hace bien poco. Evidentemente, las empresas y particulares, tenemos otras valoraciones mucho peores, y de hecho se utilizan otras escalas. Pero la lógica de las entidades no cambia, asignarán el recurso escaso a los mejor colocados en el ranking de la devolución, en los que más confían.
Los rescates
Los casos de Grecia e Irlanda son casos en que, llegado un punto, ni las entidades financieras han creído que sus gobiernos serán capaces de devolver la deuda, y por tanto, cuando había que renovar los créditos, los mercados (las entidades o personas que les prestaban) les han empezado a exigir más intereses, más garantías… de forma que se convertía en inasumible su pago.
Para evitar la quiebra de esos países, otros países les han dado su aval, su garantía de que si ellos, Grecia o Irlanda, no pagaban, pagarían ellos.
¿Y ahora qué hacemos?
Con todo, si las mejor colocadas para recibir dinero son las administraciones y cada vez necesitan más cantidad, porque están más endeudadas, resulta que están consumiendo todos los recursos del mercado financiero, dejando muy pocas posibilidades a los proyectos empresariales y a los individuos que quieran comprar una vivienda, por ejemplo.
Así, resulta necesario frenar la dinámica que se ha generado, como es el creciente endeudamiento de las administraciones públicas, las empresas o de las economías familiares, que en ocasiones se han endeudado para realizar operaciones poco ortodoxas; unas para pagar gasto corriente, otras para operaciones especulativas y las últimas para irse de vacaciones.