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3/2/13

"Empresa" y "social" caben en un mismo concepto

Publicado en DEIA y Noticias de Álava, 03.02.2013, by ekoberri

El convulso contexto actual obliga a todas las sociedades avanzadas, y la vasca no es una excepción, a enfrentarse al reto de reinventarse. La profunda crisis global ha dejado al descubierto algunas debilidades del sistema económico actual, y ha ayudado a cuestionar algunas de sus bases, principalmente aquellas que han facilitado su perversión. Afortunadamente, cada vez son más quienes dibujan un modelo de salida de la crisis que combina aparentes opuestos en un nuevo todo coherente.

Las simplificaciones ayudan a comprender mejor el funcionamiento de los fenómenos que analizamos, y resultan imprescindibles para abordar el análisis de un problema complejo. Muchas veces utilizamos esos modelos para emitir un juicio cuando tenemos que enfrentar una circunstancia nueva, sin darnos cuenta que en esa nueva realidad no podemos conducir con mapas del pasado; sencillamente porque los mapas no son la realidad, sino una representación, y porque la realidad es nueva.

Algo similar sucede cuando hablamos de empresas y organizaciones sociales. Está muy extendida la creencia de que las empresas mercantiles, las clásicas, crean valor económico, mientras que las entidades sociales crean valor social. Este planteamiento clásico de separación entre valor económico y valor social no refleja el hecho de que toda organización, sea cual sea su forma jurídica, es parte de un ecosistema, que interactúa con la sociedad y su medio físico. La interacción de las organizaciones con su entorno social y físico, genera impactos económicos, sociales y ambientales. Estos impactos pueden ser mayores o menores, en un sentido o en otro, pero se producen inexorablemente con la propia actividad organizacional.

La propia Estrategia Europa 2020 aboga por un crecimiento inteligente, inclusivo y sostenible. Incorpora esas tres dimensiones al frontispicio de la acción de gobierno de la Unión, huyendo de estrategias anteriores centradas únicamente en el crecimiento, que se han mostrado incapaces de elevar los niveles de cohesión social. Son esas tres dimensiones, al menos, las que se deben incorporar a un modelo de salida de la crisis. Y las organizaciones que per se en su actividad generan impactos en las tres dimensiones, deben cumplir un papel fundamental en el camino de salida.

En ese modelo de salida de la crisis que apenas se esboza en el horizonte, dos opuestos vuelven a coincidir; empresa y social, para dibujar algunas figuras que ya se atisban entre nosotros.

Una buena muestra se ha congregado estos pasados días 31 de enero y 1 de febrero, en el recinto ferial de Gipuzkoa FICOBA (Irun), donde se ha celebrado la Feria de Empresas de Inserción. Las empresas de inserción son una buena muestra de combinación de dos opuestos. Y afortunadamente hay muchos más casos de éxito cerca de nosotros que han conseguido, mediante fórmulas genuinas, aunar economía y desarrollo social. Por tanto, es posible que la lógica de la empresa se haga social y que llegue a quienes no llega la empresa clásica. Es posible que viviendo de sus productos y servicios, su objetivo vaya más allá de la maximización del beneficio.

Dividir la realidad en dos bloques, el de la lógica de la empresa que debe seguir su curso sin preocuparse apenas por las personas en situación de exclusión, y el bloque “ilógico” de los que tienen buen corazón y por eso empeñan su vida en recoger a los excluidos por la “lógica”, es seguir insistiendo en errores del pasado. No sería bueno seguir esa senda, entre otras razones, porque ni hay derecho a condenar a unos a la exclusión ni lo hay tampoco a destinar a otros a la inmoralidad. En la empresa social, caben “empresa” y “social” en un mismo concepto.

5/1/12

El capital social vasco, antes y ahora

Que nadie piense que me había olvidado de este blog. ¡No! Sólo era un paréntesis para absorber toda la información en mis nuevas funciones profesionales. Toda, toda… más bien, para absorber toda cuanta pudiera para afrontar los nuevos retos con garantías, con toda la información posible, para no defraudar. En esta ocasión, defraudar era defraudar a Bizkaia y sus gentes. Y eso son palabras mayores para quienes todavía sentimos un respeto reverencial hacia la gestión de la cosa pública.

Sí, y además, el listón está muy alto. En Bizkaia, las políticas sociales han llegado en los últimos años a niveles muy altos, equiparables a estándares del norte de Europa. De hecho, en algunas cuestiones (como ellos mismos reconocieron en la visita que desde Finlandia nos cursaron recientemente) hemos llegado a plantear algunas soluciones que ellos ahora buscan.

Pero que nadie se lleve a engaño; no ha sido mérito, fundamentalmente, de ninguno de los gobiernos que ha pasado por allí, ha sido fruto del empuje de la sociedad de Bizkaia, de su tejido social, de su tercer sector. Si de algo debemos estar orgullosos los vascos es de componer una sociedad vigorosa, viva… que ha sido capaz de tejer una red social muy rica en relaciones que ha fraguado en diferentes fórmulas a lo largo de la historia, para dar soluciones a los problemas o retos de la comunidad. Es sencillo plantear aquí algunos ejemplos de ello, puesto que cofradías y hermandades primero, y ahora las entidades del tercer sector, son el reflejo de esa solución comunitaria a los problemas de cada tiempo.

Este capital social vasco es insustituible, no se puede intervenir por los mercados, ni por el FMI, ni por el Banco Central Europeo… este capital social permitió que este país conservara hasta hoy su lengua y su cultura, y hoy podemos decir, que este capital social, ha permitido que Euskadi y Bizkaia conozcan los niveles de bienestar que hemos alcanzado.

No fueron las administraciones, fue el capital social, la sociedad civil organizada quien puso en marcha las ikastolas cuando la legislación no permitía la enseñanza en euskera. Después, y sólo después, vino la Administración Vasca a reconocerlas como parte de la red educativa vasca. No fueron las administraciones, fueron los trabajadores (entonces en paro en gran medida) quienes pusieron en marcha las primeras cooperativas en Mondragón, cuando la crisis (también entonces, y también la crisis) puso a muchas familias al borde de la pobreza. Después vino la Ley de Cooperativas (por cierto, ejemplo en toda Europa) a darles amparo legal. Por eso decía al inicio que el nivel de exigencia está muy alto, lo ha puesto la propia sociedad. Pero al mismo tiempo, siento que tenemos al mejor aliado posible para afrontar los nuevos retos, si sabemos canalizar su fuerza, la sociedad civil organizada.

Esos retos, que ahora se ven magnificados por el contexto económico, responden a los importantes cambios que se están produciendo en las sociedades occidentales. Así, el siglo XXI pone ante nosotros un envejecimiento de la población, que siendo una excelente noticia (indicador de avance social) hace revisar muchas de las políticas públicas diseñadas con una pirámide poblacional de amplia base, no con una pirámide poblacional invertida. También vivimos en una sociedad cada vez más atomizada, que ha hecho que el constructo social más básico, la familia, se haya reducido sustancialmente, hasta una media de 3 miembros. A ambos efectos ha contribuido, también, el descenso de la natalidad, sólo paliado por una inmigración que siendo baja (en niveles entre el 5-6% de la población) a nivel cuantitativo con nuestras comunidades vecinas, nos pone sobre la mesa dos retos cualitativamente muy importantes: la interculturalidad y la inclusión.

No faltan retos. Y tampoco faltan mimbres. Estoy seguro de que Bizkaia y Euskadi sabrá responder a ellos con la vieja fórmula del trabajo conjunto, acompañamiento de las administraciones y desde la sociedad civil. Al fin y al cabo, tampoco los retos de otros tiempos eran menores… ¡o eso nos han contado nuestros mayores!